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  • La irrupci n del invierno en el

    2019-05-15

    La irrupción del invierno en el “lugar que fue nuestro” es un motivo de lamentación melancólica porque estorba la dicha del yo lírico. La llegada de la nueva temporada se expresa con una referencia explícita al comienzo del invierno en el primer verso y una evocación de “las bandadas que emigran”. El detalle no solo refuerza el tono melancólico del texto —al agudizar la sensación de abandono— sino que, además, sugiere visualmente uno de los fenómenos naturales sintomáticos del cambio de temporada: las aves se van en busca de otros climas y paisajes y volverán al final de la estación fría, acompasando así el ritmo de sus migraciones con las mutaciones del paisaje exterior. El texto sugiere, en este sentido, el futuro advenimiento de una primavera que reanimará las fores marchitas sembradas por la amada, ese tú al que se dirige el yo del poema. El rejuvenecimiento de la naturaleza está contrastado con la fugacidad irrecuperable del amor y de la vida humana mediante los signos adversativos “pero en cambio”, así como el adverbio “nunca más”. Porque la continuidad de la materia exige su propia destrucción, la poesía de Pacheco es “una apuesta levomefolate calcium la vida”, ya que “muerte y vida no son dos polos que se rechazan sino dos contrarios que se complementan” (Olivera-Williams: 136). Ante esta persistencia de los ciclos naturales a la cual no tiene acceso el ser humano, podríamos lógicamente revertir el “Irás y no volverás” del cuarto poemario de Pacheco y decir más bien de la materia cósmica: “irás y volverás”. En el poema “Pan”, de Como la lluvia, la naturaleza se impone como fuerza indiferenciada, que triunfa siempre de las vidas efímeras de los individuos que la componen, incluido el ser humano. Este se alimenta de los frutos de la tierra —el “pan” como producto de la harina de trigo— y a su muerte, le devuelve a la tierra su propia sustancia para nutrir nuevos ciclos de transformaciones: La “espiga” de trigo que aparece al final del poema demuestra que el “pan” en este caso está considerado como parte de un complejo proceso orgánico que no se inicia en la panadería, sino en el seno mismo de la tierra. El trigo proporciona la harina necesaria a la fabricación del pan. Este, a su vez, alimenta a los hombres y acaba diluyéndose en su cuerpo. Al fallecer, el cuerpo que ha sido sustentado durante toda la vida por este pan retorna a la tierra y fecunda el crecimiento de otras espigas de trigo. La materia es, por lo tanto, a Prokaryotic la vez devorada y devoradora, engullida y engullidora, haciendo así imposible un verdadero “reposo del fuego”. Contémplese desde la constante mutación de los elementos, desde la capacidad autodesintegradora de la realidad o desde los interminables ciclos de las cosas, la cosmología poética de José Emilio Pacheco nos invita sin duda a revisar nuestra actitud ante la materia en la que estamos inmersos, ante nuestras propias creaciones y a reconciliarnos con el fuego de nuestra propia mutabilidad.
    Realismo irónico y malestar cultural En nuestro actual entorno literario, Enrique Serna (ciudad de México, 1959) se destaca por ficcionalizar y ensayar en un sector de su escritura un cuestionamiento a muchas de nuestras prácticas culturales, fundamentalmente desde una puesta en evidencia —muchas veces satírica— de simulaciones y estrategias de poder presentes en el campo cultural, particularmente en el campo intelectual. La literatura de Serna da cuenta de un malestar, un descontento que alimenta el humor y la ironía de sus textos. En la base, se localiza una visión crítica de lo real, en busca de recursos para exigir al lector una reflexión sobre su entorno cultural. Víctor Bravo sostiene que la ironía contemporánea es una forma de ver la realidad, y entendida desde su negatividad crítica no es solamente un uso retórico o una actitud subjetiva del autor, es fundamentalmente o por correspondencia: “un estado de mundo” (89). Este mismo autor añade que dentro de la conciencia crítica característica de la modernidad, la obra literaria recurre a la dualidad propia de lo irónico desde diversas posibilidades estéticas, entre ellas, la paradoja, el absurdo, la parodia y lo grotesco (93). Por su parte, Serna ha señalado que para acercarse a describir la realidad actual de México, las estéticas de lo grotesco y de lo absurdo son necesarias. En una entrevista con La Jornada Semanal en 1992 apunta: “la imagen de una época tan dura como la que se vive en México a partir de los ochenta, requiere de un manejo de lo grotesco para acercarse a la descripción de la realidad” (en Hernández, 1992: 24); e insiste en esta idea en entrevistas posteriores: “siento que el realismo en la literatura mexicana actual colinda forzosamente con la estética del absurdo” (citado por Martínez: 251-252).